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La singular celebración japonesa de la fertilidad con sus falos

Las calles de Kawasaki, en la prefectura de Kanagawa, volvieron a llenarse de público con motivo del Kanamara Matsuri, un festival primaveral que se ha convertido en una de las citas más llamativas del calendario japonés. La celebración gira en torno a la fertilidad, el parto seguro, la protección frente a infecciones y la salud sexual, y tiene como epicentro el pequeño pero célebre santuario Kanayama Jinja.

La escena, como cada año, mezcló tradición religiosa, ambiente festivo y una iconografía difícil de ignorar. Tres mikoshi decorados con enormes esculturas fálicas recorrieron las calles entre música, vítores y miles de cámaras apuntando desde todos los ángulos. Entre los más conocidos están el mikoshi negro de hierro, el gran mikoshi de madera y el famoso Elizabeth Mikoshi, de color rosa, uno de los más fotografiados del desfile.

Aunque desde fuera suele presentarse como una rareza casi cómica, el festival tiene raíces bastante más profundas. La tradición se vincula a antiguas plegarias relacionadas con la fertilidad, el matrimonio, el parto y la protección de la salud íntima. Distintas guías y descripciones del festival recuerdan que en el periodo Edo el santuario era visitado por trabajadoras sexuales que acudían a rezar para protegerse de infecciones de transmisión sexual. Con el tiempo, la celebración evolucionó hacia una fiesta más abierta, popular y turística, pero sin perder del todo ese trasfondo de protección y deseo de buena fortuna.

La leyenda más repetida del Kanamara Matsuri ayuda a entender también su imaginario. Según la tradición, un herrero forjó un objeto de hierro para romper los dientes de un demonio escondido en el cuerpo de una mujer, una historia que terminó dando forma al simbolismo del festival y al vínculo del santuario con el metal, la sexualidad y la fertilidad.

Hoy, sin embargo, el festival se mueve en varios registros a la vez. Por un lado, conserva su dimensión religiosa y tradicional. Por otro, se ha convertido en un gran evento popular donde conviven turistas extranjeros, parejas jóvenes, familias con niños y asistentes LGBTQ+, en una atmósfera abierta y bastante desinhibida. Además, el festival se asocia también a campañas de concienciación y recaudación vinculadas al VIH y otras cuestiones de salud sexual.

Ese tono abierto resulta especialmente llamativo en un país donde la conversación pública sobre sexo no siempre se maneja con naturalidad. En ese sentido, Kanamara funciona casi como una pequeña anomalía consentida dentro del calendario japonés: una celebración religiosa que, entre dulces temáticos, souvenirs y procesiones multitudinarias, también lanza un mensaje de desestigmatización.

La edición de este año llega además en un contexto demográfico delicado para Japón. Los datos preliminares del Ministerio de Salud publicados en febrero mostraron que el país registró 705.809 nacimientos en 2025, un 2,1 % menos que el año anterior y el décimo descenso anual consecutivo.
Ese telón de fondo no convierte al festival en una respuesta a la crisis de natalidad, pero sí añade una capa de lectura curiosa a una jornada dedicada precisamente a la fertilidad, la sexualidad y la continuidad de la vida.

En la práctica, Kanamara Matsuri sigue siendo una de esas celebraciones que Japón maneja mejor que casi nadie: mezcla de rito, espectáculo, tradición local, ironía y turismo de masas. Y aunque su estética siga sorprendiendo a quienes la descubren por primera vez, lo que mantiene vivo al festival no es solo el impacto visual, sino su capacidad para transformar un tema normalmente cargado de tabú en una fiesta pública, ruidosa y sorprendentemente familiar.

Thais Garcia

Redactora especializada en Japón con 18 viajes a su espalda, con experiencia en la creación de contenidos sobre actualidad, turismo, cultura y vida en el país. Ha trabajado y sigue trabajando en Todosobrejapon.es, Nippontabi.com, Guiajrpass.com y Viajarajaponenfamilia.com, y también crea contenido en YouTube en el canal @todosobrejapon, donde cuenta con una comunidad de 10,5 mil seguidores.

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