Turistas

Japón quiere 60 millones de turistas en 2030 y endurece el sobreturismo

Japón ha aprobado un nuevo plan básico de turismo que aspira a elevar hasta 60 millones el número de visitantes extranjeros en 2030, pero lo hace con una advertencia clara: el crecimiento ya no puede sostenerse a cualquier precio. El documento, aprobado por el gabinete el 27 de marzo de 2026, convierte el sobreturismo en una prioridad política y sitúa la protección de la calidad de vida de los residentes al mismo nivel que la captación de viajeros.

El nuevo plan estará vigente entre los ejercicios 2026 y 2030 y redefine la estrategia turística del país sobre cinco grandes ejes: sostenibilidad, aumento del gasto, impulso de las zonas rurales, conexión entre turismo, transporte y urbanismo, y uso intensivo de nuevas tecnologías. El mensaje de fondo es claro: Japón quiere seguir creciendo como potencia turística, pero también evitar que ese crecimiento agrave los problemas que ya han empezado a aflorar en algunos destinos.

La cifra más llamativa del plan es el objetivo de 60 millones de turistas extranjeros en 2030. Japón parte de una base ya muy elevada, ya que en 2025 recibió 42,68 millones de visitantes, según el propio documento. Además, el Ejecutivo mantiene como meta alcanzar 15 billones de yenes en gasto turístico internacional, frente a los 9,5 billones de yenes registrados en 2025.

Pero esta vez Tokio no presenta el crecimiento turístico como una simple carrera por el volumen. El texto reconoce de forma explícita que en algunas ciudades y franjas horarias se han producido aglomeraciones excesivas, infracciones de normas de conducta y molestias directas para la población local, lo que ha deteriorado la percepción pública sobre la llegada de más visitantes. Por ello, el Gobierno plantea crear 100 regiones con planes específicos para compatibilizar la atracción turística con la calidad de vida de sus residentes. En 2025 eran 47.

Ese giro es relevante. Japón pasa de celebrar el auge del turismo a admitir que la masificación ya tiene efectos visibles en el día a día de determinados lugares. El plan apuesta por reforzar medidas contra la congestión, las malas conductas y otras fricciones asociadas al aumento del turismo internacional, con respuestas adaptadas a la situación de cada zona y con participación de vecinos, autoridades locales y operadores turísticos.

Entre las medidas contempladas figuran el control de acceso en función de la demanda, la posible implantación de sistemas de reserva y la visualización del nivel de congestión para animar a los visitantes a evitar los puntos más saturados. También se plantea reforzar el transporte, redistribuir flujos y derivar parte de la demanda hacia otras áreas del país menos tensionadas.

Al mismo tiempo, Japón quiere atraer un perfil de visitante más rentable y, sobre el papel, más fácil de integrar. El plan fija como objetivo alcanzar 40 millones de turistas repetidores en 2030, frente a los 27,61 millones registrados en 2025. El razonamiento del Ejecutivo es que quienes ya han visitado el país suelen conocer mejor sus normas y costumbres, muestran mayor interés por salir de los circuitos clásicos y pueden contribuir tanto a la descentralización territorial como al aumento del gasto.

El Gobierno también quiere elevar el gasto medio por visitante hasta 250.000 yenes por persona, frente a los 229.000 yenes de 2025. Para conseguirlo, el documento insiste en promocionar Japón en mercados con alto poder adquisitivo y todavía margen de crecimiento, especialmente Europa, Norteamérica, Australia y Oriente Medio. La intención ya no es solo atraer más turistas, sino captar más viajeros con capacidad de gasto, estancias más largas y mayor predisposición a viajar fuera de Tokio, Osaka o Kioto.

Otra de las claves del plan es su dimensión territorial. Japón reconoce que sigue teniendo dificultades para prolongar la estancia de los visitantes en las zonas rurales. En 2025, la media de noches de turistas extranjeros en áreas fuera de las grandes regiones metropolitanas fue de 1,4 noches, por debajo del anterior objetivo de 2 noches. El nuevo documento insiste en que la descentralización será esencial para evitar que la presión turística continúe concentrándose en un número reducido de destinos icónicos.

Detrás de esa estrategia hay también una razón económica de peso. El plan sostiene que el turismo se ha convertido ya en la segunda industria exportadora de Japón, solo por detrás del automóvil, y estima que el impacto económico derivado del gasto turístico internacional alcanzó en 2025 unos 19 billones de yenes. Para el Gobierno, el turismo es una herramienta estratégica para sostener la actividad de regiones afectadas por el envejecimiento, la despoblación y la pérdida de dinamismo económico.

Al mismo tiempo, el documento deja ver otra paradoja: mientras Japón bate récords recibiendo visitantes extranjeros, los japoneses siguen viajando menos al exterior de lo que el Gobierno desearía. En 2025 salieron del país 14,73 millones de japoneses, todavía lejos del récord prepandemia de 20,08 millones. El propio plan atribuye esa debilidad al encarecimiento de los viajes por la depreciación del yen, la inflación, la preocupación por la seguridad internacional y las dificultades para tomarse vacaciones.

Con este nuevo marco, Japón dibuja una hoja de ruta ambiciosa, pero también más cauta que en años anteriores. El Gobierno quiere más turistas, más gasto y una mayor proyección internacional, aunque asume que el crecimiento futuro exigirá más control, más planificación y una gestión mucho más fina de sus efectos sobre el territorio y la población local.

Thais Garcia

Redactora especializada en Japón con 18 viajes a su espalda, con experiencia en la creación de contenidos sobre actualidad, turismo, cultura y vida en el país. Ha trabajado y sigue trabajando en Todosobrejapon.es, Nippontabi.com, Guiajrpass.com y Viajarajaponenfamilia.com, y también crea contenido en YouTube en el canal @todosobrejapon, donde cuenta con una comunidad de 10,5 mil seguidores.

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