
Japón está viendo crecer con fuerza un tipo de fraude especialmente agresivo: el de quienes se presentan por teléfono o videollamada como agentes de policía, fiscales o personal bancario para convencer a la víctima de que está implicada en un delito y debe “cooperar” transfiriendo dinero.
La Agencia Nacional de Policía ya había advertido en 2025 de que estos estafadores usan llamadas, mensajes, videollamadas, placas falsas e incluso supuestos documentos oficiales para parecer creíbles.
El caso relatado ahora por Kyodo resume bastante bien cómo funciona la trampa. Un trabajador de una gran empresa, de unos 30 años, perdió 16 millones de yenes después de recibir una llamada en noviembre de 2025 de alguien que decía trabajar para un gran banco. Poco después, otro interlocutor se presentó como miembro de la policía prefectural y le dijo que su tarjeta había sido usada de forma fraudulenta y que él era sospechoso de colaborar con una red criminal. A partir de ahí comenzó una cadena de amenazas, alivios calculados y órdenes constantes que acabó arrastrándolo a hacer transferencias repetidas. Según contó, el daño emocional ha sido tan fuerte que considera insuficiente incluso recuperar todo el dinero.
La mecánica es tan eficaz porque no se basa solo en mentir, sino en desgastar. Primero llega el golpe de miedo: “su cuenta está vinculada a un delito”, “hay una orden”, “podríamos detenerle”. Después aparece la falsa salida: “si coopera, podremos ayudarle”, “todavía está a tiempo”, “si demuestra buena fe, se tendrá en cuenta”. Ese vaivén entre amenaza y aparente protección es una de las claves del fraude, y deja a muchas víctimas psicológicamente atrapadas antes incluso de que llegue la orden de transferir dinero.
La policía japonesa lleva tiempo avisando de un detalle muy concreto que ayuda a desmontar estas historias: la policía y la fiscalía no llaman de repente para tomar declaración por videollamada ni piden transferencias para “confirmar” dinero o cuentas bancarias. La Agencia Nacional de Policía ha insistido expresamente en que no es normal que un agente o un fiscal inicien este tipo de contacto por videollamada, y ha publicado ejemplos reales de estafas en las que los delincuentes muestran uniformes, credenciales o documentos falsos a través de la cámara para dar sensación de autoridad.
Otro elemento preocupante es que el fenómeno ya no afecta solo a personas mayores, el perfil más clásico de otras estafas telefónicas. En 2025, los fraudes vinculados a suplantaciones policiales crecieron con fuerza y también golpearon a víctimas de 20 y 30 años. The Japan Times, citando datos de la Agencia Nacional de Policía, informó de que entre enero y mayo de 2025 se reconocieron 3.816 casos de este tipo y que las pérdidas superaron los 31.600 millones de yenes en ese periodo.
Ese repunte forma parte de un deterioro más amplio. La policía japonesa informó en febrero de 2026 de que las pérdidas combinadas por fraude especial, estafas románticas y fraudes de inversión a través de redes sociales alcanzaron en 2025 un récord de 324.110 millones de yenes, con 42.900 casos denunciados, también máximo histórico.
Además, los delincuentes han ido afinando mucho el teatro. La policía advierte de que pueden usar números falsificados, mensajes de texto, chats de redes sociales y videollamadas con supuestas placas o carnés policiales. En algunos casos incluso ordenan a la víctima que no hable con nadie, que desconecte internet o que mantenga una vigilancia constante mediante mensajes y llamadas. La lógica es clara: aislarla para que no contraste nada con familiares, amigos, su banco o una comisaría real.
Qué señales deberían hacerte cortar la llamada
Hay varias banderas rojas bastante claras:
- te dicen que estás implicado en un delito y te presionan para actuar de inmediato
- te piden transferir dinero para “verificar” fondos o limpiar sospechas
- te exigen silencio y te prohíben hablar con terceros
- te llevan a videollamadas o chats para “interrogarte”
- te muestran documentos, órdenes o identificaciones por pantalla
- alternan amenazas con frases tranquilizadoras para que no cuelgues
Si aparece una de esas señales, lo sensato no es discutir ni seguir colaborando, sino colgar, buscar por tu cuenta el número oficial de la comisaría o del banco y verificarlo fuera de esa conversación.
En Japón, la propia policía recomienda acudir a los canales oficiales de consulta si hay sospecha de fraude. Entre ellos figuran el número de consulta policial #9110 y la línea de consumo 188, además de las comisarías locales.
El problema de fondo es que estas estafas explotan algo muy humano: el miedo a haber hecho algo mal sin saberlo y la tendencia a obedecer cuando la voz al otro lado parece venir del Estado. Por eso funcionan tan bien. No te venden una inversión milagrosa ni un premio inexistente. Te hacen creer que tu vida normal está a segundos de romperse y que solo ellos pueden evitarlo. Y ahí, con suficiente presión, mucha gente deja de pensar con claridad.



