
Japón ha alcanzado un récord de 9,43 millones de personas ocupadas de 65 años o más, según datos del Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones. El máximo coincide con una población sénior de 36,24 millones y con el impacto de la inflación sobre hogares que dependen de pensiones reducidas.
Detrás del dato conviven la escasez de mano de obra, el deseo de permanecer activo y la necesidad económica. Algunos jubilados regresan al empleo porque los ingresos mensuales no cubren el alquiler, los alimentos y otros gastos básicos.
Pensiones y empleos de pocas horas
Los centros de empleo para mayores canalizan ofertas de limpieza y mantenimiento, pero muchas jornadas duran solo dos o tres horas. Con remuneraciones de entre 1.300 y 1.500 yenes por hora, esos trabajos no siempre aportan los ingresos que buscan sus solicitantes.
La presión es especialmente visible en los alimentos: más de 8.000 productos subieron de precio en dos meses. El distrito tokiota de Arakawa ha repartido vales de compra de 500 yenes a residentes mayores de 75 años, una ayuda puntual frente a un encarecimiento que supera los ajustes de muchas pensiones.



